domingo, 27 de septiembre de 2009

Gaviotas, anuncian lluvia, nos abrazamos de puro frío en el césped relleno de pequeñitos que muerden, césped recién cortado que pincha como mejilla afeitada un domingo por la tarde cualquiera cuando decido que ya me cansado de esperar que agonice la tristeza. Chèrie lanza piedras a los pájaros, aunque no con intención de darles, me asegura, y yo me fío porque no la veo capaz de hacer daño a un pájaro, por muchas enfermedades que trasmita. No son pájaros cualquiera, son gaviotas, y si vienen desde el mar, es porque vienen con la lluvia, o son la lluvia, o se la llevan de nuevo al mar, no-no-es-cierto, si-lo-es, y entonces llueve para confirmar mis palabras (cuando lo cierto es que no-no-es-cierto), y está frío, caen enormes goterones, nos mojamos, pero casi no me importa, y no me he dado cuenta pero, Chèrie está llorando en algún lugar de mí. La abrazo más fuerte porque el viento arrecia y, caen, las, gotas, tan, heladas, pesan, frías, duras, rotas, te han hecho más daño del que quieres puedes debes efectivamente mostrar aunque jamás lo reconozcas, dices lo que no se puede decir, dios, ¡cómo me estás gritando lo que no se puede decir!, y antes de subir al metro, me besas, fugaz, y apenas siento el calor humano de tu boca y ya es de nuevo en mis labios gotas frío tan, heladas, rotas, pero yo suspiro ajeno a todo y conmigo ha suspirado el mundo entero.

2 comentarios:

Postal dijo...

¡Cómo puede haber estado este párrafo sin ver la luz tanto tiempo! Ya tocaba ponerlo por ahí!


En serio, me encanta. Y te odio y esas cosas :)

Sil dijo...

Me gusta tanto...